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El autismo y sus retos.


Cubre sus necesidades…

¡Refuerza sus talentos!


La primera y gran dificultad con las que se han encontrado tanto los investigadores como los profesionales que trabajan con TEA es el amplio espectro o heterogeneidad de los comportamientos y procesos neuropsicológicos que manifiesta la población que vive con autismo. Además de la diversidad de síntomas, el autismo también se puede manifestar en diferentes niveles de severidad.


Esto implica que no todas las actividades ni todas las estrategias pedagógicas van a funcionar igual para la totalidad de la población con autismo. Por eso, y especialmente en los casos de autismo, es fundamental la individualización de los procesos de enseñanza y los programas de intervención personalizados.


Sin embargo, los manuales de diagnóstico en psicología, como el DSM-V, advierten una serie de características comunes en los niños con autismo:

  • Serias dificultades en la comunicación.

  • Problemas de interacción social.

  • Baja flexibilidad en comportamientos y pensamiento.

Áreas a trabajar en los niños con autismo:

Nunca hay que perder de vista las peculiaridades del niño con TEA, para poder adaptar el programa de intervención a sus necesidades específicas. Aquí algunas de las áreas principales para trabajar:


- La comunicación

Dependiendo de la edad del niño que sufre autismo y de la fase de desarrollo lingüístico en la que se encuentre, el profesional especialista y el profesor deben programar actividades (juegos, canciones, signos y pictogramas…) para despertar la necesidad de comunicación del niño (verbalizar necesidades como “Quiero agua”). Si el niño ya formula sus demandas verbalmente, el siguiente paso consistirá en nutrirlo de un vocabulario más amplio y rico para después entrenarle en la creación de frases uniendo palabras.


- El contacto visual

Durante las interacciones con el niño, ya sea durante las conversaciones o cuando le va a dar instrucciones, el adulto debe invitar al niño a que le mire a la cara. Los juegos de imitación son un buen reclamo para acostumbrar al niño a mantener el contacto visual con los demás.


- Reconocimiento y expresión de emociones

Mostrar al niño dibujos, fotos o vídeos que representan estados de ánimo, le ayudará a interpretar sus propias emociones como las de los demás.


- Aprendizaje de hábitos y creación de rutinas

Para favorecer su autonomía. Para lograr estos objetivos es clave mostrar al niño la pauta detallada de la secuencia de comportamientos que debe realizar, si quiere lograr la conducta meta. Las instrucciones en forma de pictogramas es un gran apoyo para la ejecución de este tipo de tareas.


- Entrenar motricidad fina


- Trabajar lateralidad

Con ejercicios cruzados (“Tócate la oreja derecha con la mano izquierda”).


- Manejo de la ansiedad

Frente a esos estímulos que habitualmente angustian al niño. ¿Cómo? El profesor y los cuidadores primarios deben enseñarle a predecir la situación estresante y tratar de que se relaje con ejercicios de respiración guiados. También puede animarle a practicar un poco de ejercicio físico antes de la exposición al estímulo que le provoca ansiedad.


No olvidemos que el trabajo interdisciplinario es fundamental en la estimulación de los niños con TEA.




Psicóloga Guadalupe Anaya


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